Somos lo que sonamos…

Estética y construcción Radiofónica / Patricio Rivera Moya

“Si somos lo que sonamos es porque hemos logrado, estrategia mediante, convertir un objetivo en una pieza de sonido.”  Gastón Montells – Colectivo La Tribu

¿Si tuvieses que narrar tu vida, que música te gustaría que sonara de fondo?, ¿qué palabras, que sonidos acompañarían tu relato?…

Todas y todos tenemos un nombre, un lugar, un territorio, una historia que nos determina y a la que le aportamos lo propio, en estos elementos se encuentran algunos referentes de nuestra construcción identitaria. Ahora bien, definida nuestra interioridad o particularidad, nuestra identidad es afirmada por las relaciones, articulaciones  y alianzas que establecemos con la comunidad, con sus formas, con sus modos de expresión, con sus relatos de mundo, así también ocurre con nuestros proyectos comunicacionales, se desafían a si mismos, a pensar con otros y con otras una matriz de comprensión de mundo, una forma de contarse mutuamente.

Aunque parezca un contrasentido, hacer radio es una invitación a construir imágenes, en este caso imágenes sonoras. La radio instala, despierta, fortalece o disputa imaginarios, y lo hace, específicamente, con públicos que dialogan y discuten nuestra miradas.

Desde la radio, se nos desafía a traducir nuestras ideas y propuestas a un relato que tiene mucho de artístico, mucho de estrategia y de reconocimiento de sentidos comunes con las interlocuciones (mezquinamente llamadas audiencias).

Las cuñas, las voces, los ritmos, las músicas, los criterios de programación, no son azarosos, responden a una definición previa de los que somos y de los públicos con los cuales buscamos interactuar, es una decisión estética y a la vez, profundamente política.

Como construimos nuestro relato sonoro

No hace mucho, en vastos lugares del mundo, el único medio de comunicación era la radio, allí se producían los intercambios, la puesta al día respecto del acontecer local y global, las afirmaciones territoriales y de familiaridad, y aunque hoy, la radio sigue postulándose a si misma como un plaza pública, nuevas herramientas de comunicación invaden nuestra cotidianidad, la telefonía celular o la Internet solo por mencionar algo.

En este escenario de bombardeo informativo, la pregunta es como construimos nuevos imaginarios, instándonos a buscar y a compartir inéditos sentidos.

Lo primero es definir la idea que buscamos comunicar, a lo que sumaremos los textos que mejor intencionen nuestra propuesta, parece fácil, pero a menudo nos suponemos preclaros y dejamos a nuestras interlocuciones la tarea de interpretar lo que decimos, olvidando que los mensajes pueden contener una multiplicidad de significados (polisemia).

El segundo paso, como lo plantea José Ignacio López Vigil, tiene que ver con el lenguaje seductor de la radio, como en un juego amoroso, aquí se ponen en movimiento todas nuestras capacidades de intuición y de estrategia de conquista.

Una idea clara, sintética (sin muchos rodeos), apelando a la sorpresa, jugando con el imprevisto (el guiño, el efecto que descoloca y rompe la rutina), son parte de los aderezos para que la construcción sonora contenga no solo la fuerza de la idea, sino también un efecto cautivador.

En la construcción de las imágenes radiofónicas nos movemos en dos universos, el conceptual y el sonoro, uno con otro necesitan potenciarse y complementarse, la mejor simbiosis es aquella que nos permite poner en el aire la síntesis de la propuesta reflexiva con la creatividad y la experimentación en los sonidos.

Un relato que pierde intensidad, pierde contundencia, es necesario mantener la tensión y para ello la resignificación de los sentidos y los sonidos resulta vital.

La identidad surge de una definición pero se realiza en la acción, nuestro discursividad debe constituirse en una práctica comunicativa, que más que una suma de palabras, involucra una propuesta estética, artística, y de imagen.

En tanto comunicadoras y comunicadores, no solo importa los que decimos, sino como sonamos, decirnos a nosotros mismos es fijar una posición en el mundo y una forma de relacionarnos con las otras y los otros, en resumen, nuestra “puesta en el aire” constituye la traducción comunicacional de nuestro proyecto político y ello demanda reflexión, osadía, experimentación y apuesta consciente y creativa, en una profunda relación con los públicos que hemos decidido seducir.

Referencias: http://www.vivalaradio.org/
http://www.radialistas.net/manual.php

Foto: MURGA Belgium

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